Mecanismos de la intimidad. Sobre «Me arde» de Mara Rita

 

Por Carlos Leiton
Es curioso pensar en un hablante y su realidad. Cómo ésta nos atañe por residuos mediante la lectura, y cómo nos afecta, dejando que la letra con sus filos hiera ahí donde se materializa la experiencia. Considero que es una importante perspectiva para leer Me arde (Ediciones del Intersticio, 2019) de Mara Rita: no desde la condescendencia que da su aprobación mediante una condición previa (sexual, de género, social) sino por su trabajo en el material de la palabra, que involucra todo lo demás y va más allá. 
Este libro, cuya presentación se hizo en abril de 2021, es una colección de poemas en prosa que pueden hallar su origen a partir de distintas hablas: voces provenientes de un diario o de un cuaderno de confesiones; o poemas que parten de una condensación escueta hacia una proliferación de espacios colindantes. Una indagación poética en un constante recorrer puentes entre géneros. Esa misma transgresión que Mara Rita tal vez ejecutó en su devenir biográfico, es plasmada también en este libro desnudo y sin baches. Me gusta pensar en la idea de libro no encorsetado solo en el ámbito poético, sino un libro abierto como una instancia de desnudez extrema donde los géneros se mixturan incestuosamente, y donde el habla poética es habla cotidiana, simple en su progresión de dar cuenta de un trazado vital: 
“-Ahora entiendo todo y por eso mamá se tuvo que ir, por eso usted hizo que se fuera. Gracias papá, ahora entiendo lo que usted me hace y entiendo que tiene que ser así. ¿Cierto? ¿Cierto? ¿Cierto?
-Sí. Y ya no me digas papá, nunca más, dime Amor, que será mucho mejor. Si te sigue doliendo, masajéate el cuerpo, aunque te falten partes. Y yo, cariño, no te llamaré nunca más hijita sino Amante, por siempre. Por siempre. Por siempre mi deliciosa Amante.»
Se usa el término de libro urgente en la Nota Preliminar. Mi pregunta va en cuál es esa urgencia. Yo lo pienso no solo desde el punto de  vista de su temática, sino por la abrupta y temprana muerte de la autora, pero por sobre todo porque abre un mundo íntimo postergado. Así como las comunidades LGTBQ+ no poseemos historia oficial, tampoco ha habido un recorrido vital en el que no se muestre más que el bregar por una condición real y su derecho a ser. En este libro Mara Rita brinda las entrelíneas de un sentir, y no la tarea previa de por qué dicho sentir, el que enfrenta una deuda de cara con el proceso cultural y de apertura del país. Subraya la vida afectiva por sobre la reivindicación, aunque aquella esté presente.  
En torno a esta idea, al tomar el libro y adentrarse en su experiencia, no se avanza en un a priori al que respetuosamente le daré mi aprobación, sino que se penetra en  el rechazo del propio cuerpo, así como en la guerra frontal contra lo escatológico-cristiano-religioso, rechazo del otro como sujeto amoroso… Más que apelar al derecho a ser, la autora se toma su derecho a habitar en estos textos, desnudando su deseo íntimo, como decía Perlongher: “No queremos que nos persigan, ni que nos aprendan, ni que nos discriminen, ni que nos maten, ni que nos curen, ni que nos analicen, ni que nos expliquen, ni que nos toleren, ni que nos comprendan: lo que queremos es que nos deseen”. Mara Rita encarna ese ejercicio en Me arde

 Fotografía de Zaida González 
                                                                                   

Su primer y único libro publicado en vida Trópico mío (Mago Editores 2015) ya había ahondado en su proceso de transformación cuerpo-psique para hacerse de una hablante poética a la altura de dicha problemática, de manera anticipada y sin demudarse. Lo curioso de este primer libro es la pregunta constante de si la condición Trans haría de su escritura un riesgo poético forjando una voz propia a la altura de la temática propuesta, que solo vemos con ojos externos. Y justamente, ocupando una forma del verso escueto, logra brindarnos la imagen de una transformación cosmogónica y promiscua que penetra en su propio imaginario poético para entregarnos las rasgaduras de ese decir. 

Me arde ocupa otra intención: como ya he dicho, poemas en prosa con una apuesta por la extensión, la proliferación de sentidos múltiples, haciendo del doble sentido una materia afín con la metáfora y con el trabajo de imágenes afiladas:

“Pican y picotean el ojo, los tres tristes palomos meten el pico en el ojo. Pican y picotean la boca, los tres tristes palomos meten el pico en la boca. Pican y picotean la oreja, los tres tristes palomos meten el pico en la oreja. 

“Los tres tristes palomos tienen tres picos en pena. Uno tiene el pico roto, uno tiene el pico doblado, uno tiene el pico caído. ¡Pobres tristes palomos de picos pardos!”

Repetición y la creación de imágenes que saben discernir el riesgo del discurso por sobre el poema, y asientan una propia imaginería. Mara Rita no detiene sus textos con su pensamiento, sino que éste es la materia de base para desplegar un universo poético que se fija y vibra desde estas transformaciones.   

La condición gratamente indefinida que en un su transcurso nos muestra el poema en prosa como un diario, hacen del libro un hábitat circular que nos abraza dentro de una experiencia común de los afectos: 

“Mido mi cuerpo, centímetros de más y centímetros de menos. Nunca es como los demás. Mido los colores de mi cuerpo, mi piel, mi cabello, mis lunares. Sé de memoria todas las líneas que dibujan mi cuerpo, sé donde hay borrones, sé donde tuvo que haber trazo y no hubo nada. Cuento y veo la forma de mis dientes, la forma, el color y la textura de mis labios, la forma de mi cara y  la dificultad de  mis ojos. Entre comparar y comparar descubro mi rara resistencia corporal y mi tolerancia al dolor irregular.” 

Una importante graduación de matices y tonos ocupa el espacio de manera que la progresión temática es un atributo considerable en la presentación del libro. Pasamos de un poema de tipo confesional a textos carnavalescos que hacen de la experiencia un transcurso presente, táctil, audible, bailable: 

“Quiero probar, eso ya está decidido. Temo que me guste demasiado y no pueda pensar en otra cosa más que en seguir. Buscaré esa Criatura de la noche que quiero que me toque. Wolverine, voy por ti, teme por tu vida. 

“Coro: Más, más, más. Muchos más. 

“Toca, toca, toca, toca, tócame, Linterna Verde.

“Toca, toca, toca, toca, tócame, Doctor Manhattan.

“Toca, toca, toca, toca, tócame, Aquaman.

“Quiero que me toques, Terminator T-800, en tu fábrica en donde te hacen en serie. 

“Quiero divertirme con Deadpool, Ultraman y Fausto.

“Coro: ¿Dónde estás, Criatura de la noche?”

Es destacable la cuidada muestra de fotografías de Zaida González, desplegadas en la parte central del libro, no a modo de ilustración somera, sino como una narrativa de la intimidad y del proceso transformatorio de la autora, zona visual que va de la mano con hacer de este libro un cuasi artefacto que acciona las cercanías de una manera inteligente al momento de entregarnos un recorrido que nos apropiamos. 

Mara Rita entrega en esta obra póstuma la intimidad de lo no finalizado, no por ello desprolijo, aunque si se aprecien recursos que a ratos abundan, ya sean repeticiones o sonoridades que despuntan curiosas. Estas formas que a ratos debieran haberse limado se entienden también como parte de la urgencia a la que este libro fue sometido, en cuanto a tiempo, dejando las huellas de su constancia.

Experiencia, desnudez de una vida íntima sin ánimos insistentes en lo reivindicatorio, y por ende, sin entrar en generalidades. Esa entrega de lo particular es lo que más rescato en este libro no reducible que se entrega a sí mismo haciéndonos, a los lectores, seres espejeantes de  su ego, o de su alter. 



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