El oficio del escritor no está tan lejano de la vida sencilla. Lago Esquirla de Mariela Malhue

El surgimiento y la reverberancia del concepto de crisis utilizado en los últimos meses deja una pregunta volando: ¿cuándo comienza este estado de crisis? Para Mariela Malhue (Santiago de Chile, 1984), no ha comenzado una nueva crisis sino, tal vez, la vida en comunidad actual represente, en algún grado, una situación de tragedia. En este caso, la pandemia sería “otro traje de este origen de crisis”.
En este escenario, el oficio del escritor no se presenta como un “estatuto alejado o sacralizado del mundo”. El escritor se sitúa como un agente involucrado en los procesos que vive la sociedad.

Lago Esquirla, plaqueta publicada por Traza Editora a comienzos de este año, dice relación con “duelar una vida errante, nómade, anónima”, según las palabras de Mariela. Tiene que ver con el regreso a Chile luego de diez años de habitar otros países, otras culturas y otras lenguas, modismos.
En este sentido, se instaura como un escrito autobiográfico de redescubrimiento de Santiago, con ánimo de observar y de guardar silencio, y, al mismo tiempo, con una seguridad que dice nunca haber tenido. Una suerte de “cautela libre”.

Lago Esquirla retrata un conjunto de poemas de fabricación cuidada e inteligentemente contemplativa. Hace del cuerpo -extremidades, torso, mirada, voz- un medio para retratar la escena de un exterior cotidiano y lleno de significación. Una contención del actuar que en su suspenso bulle o florece. Un testimonio cuyos rieles y obstáculos son, a un tiempo, las palabras.
Aquello que se dice al hablar equivale a la cantidad que se guarda
Todo lo que existe tiene una voz

La obra surge, según su autora, desde “una estancia doméstica, sin más pretensiones”. Hay algo que se abandona de sus trabajos anteriores. Predomina aquí una estética de la confección, un trabajar con el cuerpo y el diálogo.

Dada la situación actual son muchos los referentes que reaparecen, toman relevancia o simplemente llegan justo a tiempo. Mariela nombra a Natalia Rojas Cortés con su obra Cardador, Guadalupe Santa Cruz, Marcela Labraña y Ensayo sobre el silencio. Asimismo, la película francesa Sin techo ni ley, la obra de Bettina Perut. La música de Juan Pablo Ávalos.

Lago Esquirla presenta esta observación desde un sujeto en suspensión, si se quiere. O en palabras de la poeta la relación entre la voz y el objeto nombrado ocurre sin mediación, evitando transitar por el lenguaje. Propiciar una instancia contemplativa pues en este intento “la vida se disfruta”. Donde una acción no lleva necesariamente a una posterior. Cuando se desprende uno de la idea de trascender, todo se vuelve más liviano.



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